domingo, 17 de mayo de 2009

FINAL 1

FINAL 1

Tan sólo he de salir ahí, quitarme los pantalones, y todo se acabará, seré un hombre. Mis amigos ya no se podrán reír más de mí. Además, todos están de acuerdo en que me gustará, así que..¿por qué preocuparse más? Tan sólo es una mujer, una de entre mil millones de mujeres que existen en el mundo, no debo preocuparme. Seguro que todo saldrá bien. Además, has pagado por ello, así que no seas cobarde. Sal ahí fuera, y conviértete en un hombre. Debes experimentar el sexo por primera vez. No debes tener miedo a que algo pueda salir mal. Sólo preocúpate por disfrutarlo, nada más. Pásale la lengua por todo el cuerpo, y deja que ella haga lo mismo contigo. Acaricia todas aquellas partes del cuerpo de una mujer que siempre has querido acariciar. Fúndete con ella en un baño de lágrimas de sudor. Penetra en su interior hasta que llegues al éxtasis máximo de tu ser. Sólo debes preocuparte por pasarlo bien, por gozar todas y cada una de las punzadas que te erizarán los pelos de todo tu cuerpo. De sentir más que nunca el contacto humano. De saber al fin el secreto que guarda ese único placer, el placer del sexo. El sexo es un placer adulto que siempre te mantendrá joven.
Entré a la habitación y allí estaba ella, sentada en la cama de medio lado, con una pierna flexionada, la cual abría y cerraba de forma muy sensual. Su pelo rubio caía hacia los lados por detrás de sus hombros, dejando perfectamente visibles sus pechos desnudos. Tan sólo un mechón de pelo le caía por delante de la cara, cubriéndole el ojo izquierdo y parte de la boca, por la cual sacaba la lengua para relamerse el labio superior. Tan sólo llevaba puesto un tanga rojo de lenceria barata y un conjunto de finas pulseras en forma de aro que habría comprado en el mercado negro o en cualquier chino por tan sólo unos céntimos. Aún así, noté que mi pene estaba más duro que nunca, a punto de explotar. Me daba la impresión de que en cualquier momento estallarían todos los botones de mis vaqueros, y de mi enorme pene saldría la corrida más grande jamás vista. La chica, con cara de guarra y viciosa me hizo ademán de acercarse, pero yo, nervioso, di un paso atrás, imagino que por instinto. Ella se rió, y con el dedo indicó que me acercase. Lentamente me acerqué hacia ella, y cuando por fin llegué a su lado, me cogió la mano, la puso en su vagina, por dentro del tanga, y después me desabrochó los botones del pantalón. Me bajó los vaqueros y comenzó a lamerme el calzoncillo, lentamente. Yo no era capaz de articular una sola palabra, estaba totalmente paralizado. De repente, noté como mi poya se adentraba en algo fresco y húmedo, y cuando miré para abajo, me estaba haciendo una mamada, "¡nada más ni nada menos que una mamada!" pensé. La verdad es que a pesar de la enorme sensación de placer que sentía en ese mismo instante, lo único en lo que podía pensar era en aguantar sin correrme todo lo que pudiese, y cuando vi que no iba a aguantar más, le aparté la cabeza y le dije con un tono todo lo serio y firme posible :- "Creo que mejor pasamos a lo otro"- ella sonrió, cosa que no me gustó nada, ya que me hizo sentir como un principiante estúpido que no va a durar más de diez minutos, pero no quería amargarme, y aparté ese pensamiento de mi cabeza. Ella sacó un preservativo de color rojo, se lo metió en la boca y me lo puso. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Después, se tumbo boca arriba, se quitó el tanga, y flexionó las piernas hacia los lados, mostrándome claramente el camino, pero yo, en vez de comerle todo el coño para aparentar que entendía un poco del tema, pasé directamente a metérsela, ya que me daba un poco de asco comérselo sabiendo que otros muchos habrían hecho de todo en él, así que me agarré el pene para ponerlo bien recto, y se lo metí bruscamente. A pesar de mi brusquedad, ella apenas dijo un "¡ah!", pero eso ni me importó, ahora sí que sólo podía pensar en una cosa, y esa era en la grandísima sensación que estaba teniendo en ese momento. Mi cuerpo estaba totalmente en éxtasis, como si un millón de cosquillas invadieran cada uno de lo centímetros de todo mi ser, tal como lo había imaginado, pero multiplicado por mil. Ella parecía decir algo, o quizás sólo eran gemidos, la verdad es que no lo sé, yo solo escuchaba mis pensamientos : "!Oh, si, dios, si, ohh, esto es increible, dios, si!". Palabras sueltas, sin ningún tipo de léxica lógica u ordenada, solo palabras sueltas que expresaban mi enorme satisfacción. De repente, noté que ya no podía más, todo mi cuerpo estaba inundado por gotas de sudor, mi boca en forma de "o" estaba abierta al máximo, y mi poya a punto de estallar, y sin darme cuenta...me corrí. Nunca olvidaré esa corrida, nada tenía que ver con las pajas que yo me hacía al masturbarme viendo películas porno. Esa vez, me quedé totalmente extasiado, con el cuerpo débil, como si mi alma se hubiese salido de él. Me temblaban las piernas, y mis ojos parecían hacer chispas. Estaba bastante mareado en verdad, pero era un mareo distinto al normal, era como estar levitando en el más dulce de los sueños. Estuve un rato en la cama con los ojos cerrados pensando y disfrutando cada segundo, cuando de repente escuché como se cerraba la puerta. Cuando miré, vi que la chica había cogido el dinero de la mesilla de noche y su ropa, y después se había largado sin decir absolutamente nada, pero me daba igual, ella no era importante para mi, en aquel momento, lo único que me importaba y en lo que podía pensar, era en repetir la experiencia lo antes posible, a poder ser, con una chica que conociese en la calle y no a la que no tuviese que pagar, entonces si sentiría una mayor satisfacción, si es que esto era posible, claro está que no me iba a quedar con la duda.

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