Odio esos días en los que uno no hace nada. Días en los que uno tiene todo el tiempo del mundo para hacer cosas realmente provechosas, y sin embargo, lo único que hace es quedarse en casa, sin hacer nada, dejando que el tiempo se esfume lentamente, que el día se apague y que la oscuridad lo invada todo.
Hoy ha sido un día de esos. Ha sido un día en el que no he hecho nada más que estar en casa tumbado sin hacer nada.
Malditos lunes. Los lunes tienen mucho que ver en todo esto. Los culpo por ser el primer día de la semana. Día en el que uno no tiene ganas de hacer nada, porque sabe que le espera toda una larga semana de trabajo que no desea realizar. Debería prohibirse trabajar los lunes, aunque también es cierto, que si esto fuese así, los martes se convertirían en nuevos lunes, y teniendo en cuenta que la mayoría de los domingos son bastante deprimentes debido a la resaca del día anterior, la semana sería muy triste, sólo quedarían cuatro días normales de siete. ¿Merecería la pena vivir sólo para cuatro días normales a la semana? Puede que no.
En realidad la culpa no es de los lunes ni de ningún otro día, eso sólo es una forma de buscar algún culpable. Realmente, la culpa es mía. De este cuerpo que me ha tocado y que parece estar cansado de la vida por alguna razón que desconozco.
Mi mente y mi alma están unidas, de acuerdo en vivir la vida, en aprovechar el sol de cada día. En vivir nuevas experiencias. En conocer nuevas sensaciones. Pero mi cuerpo parece negarse a ello.
No entiendo por qué me haces esto. Yo te he dado todo lo que he podido buscando únicamente tu felicidad. Te he cuidado siempre que has estado herido. Me he preocupado de limpiarte siempre que lo has necesitado, e incluso de echarte cremas después del baño para que no sufras ni envejezcas. Te he alimentado con los más exquisitos manjares y festines que he podido, incluso permitiéndote caprichos que no debería. Y lo más importante, te he enseñado el amor. Gracias a mí has podido pasar tu lengua por los más bellos cuerpos, lamiendo partes que nunca habrías imaginado. Te he permitido acariciar las más suaves pieles, y que éstas te acariciasen a ti. Tus mejillas han experimentado el cálido rubor que se experimenta al juntar tus labios con los de otro cuerpo.
El sexo con amor es lo más bonito que puedo ofrecerte. Fundir todas tus extremidades con las de otro cuerpo. Mezclar vuestro sudor en un baño de cosquillas. Estremecerse de placer hasta llegar al éxtasis más inalcanzable.
Sin embargo, así me lo agradeces. Sigo haciendo todo esto por ti, y ésta es tu forma de agradecérmelo. Sólo piensas en lo malo que te he dado. Es cierto que he hecho cosas que te han dañado, y también es cierto que te he roto el corazón, lo sé.
Te he obligado a besar, acariciar y lamer cuerpos en contra de tu voluntad, sólo por vicio. La lujuria me ha llevado a veces a hacer cosas deshonestas contigo.
Muchas veces te he prohibido placeres con cuerpos a los que amas, sólo porque yo no los amo. Te he apartado de los cuerpos que te han dado los mayores placeres de tu vida, sólo porque yo no los amaba; pero tienes que entenderlo. No todo es físico, aunque para ti así sea. Tienes que entender que para mi hay otras cosas. La felicidad que provoca una buena conversación o un buen halago, no es comparable con un beso de alguien a quién no amas. La emoción que uno siente cuando encuentra a alguien que le hace reír o llorar de felicidad, no es comparable a la caricia sin sentimiento de un cuerpo desconocido.
El amor es algo interior, que tú sólo sientes cuando el corazón bombea sangre con toda su fuerza. Cuando los latidos se convierten en notas musicales, cuya melodía es similar a las olas del mar: suaves, pero intensas a su vez.
La esperanza de poder algún día, volver a tener esos latidos, es lo que me hace tener fuerza para seguir luchando cada día. Necesito que me ayudes a completar mi vida. Prometo encontrar la persona perfecta para los dos, pero para eso, te necesito a ti primero. Quiero que me ames tanto como yo te amo a ti, para no pensar que al llegar el domingo, voy a querer dejar este mundo, tan sólo porque al día siguiente es un maldito lunes.
domingo, 7 de junio de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario